En menos de un minuto, un grupo delictivo es capaz de robar las pertenencias a usuarios del transporte público en Puebla. En lo que va del año, se han difundido al menos tres vídeos de las rutas M17 (15 de mayo, 26 de noviembre) y Mazame (30 de abril), cerca del centro histórico. No son hechos aislados, sino la evidencia de un fenómeno que ha escalado de la delincuencia común a la especialización.
Lo que ocurre en las calles poblanas ya no es improvisado. Josué González Torres, catedrático de la UNAM y experto en seguridad, lo define como: “es prácticamente un operativo policial muy quirúrgico”.
Los asaltos comparten patrones: cuatro personas abordan de forma repentina, se distribuyen estratégicamente, e inmediatamente comienza el asalto. Los hechos suelen ocurrir cerca de la quincena, los agresores van perfectamente cubiertos y armados (con armas de fuego, blancas e incluso tasers), lo cual significa que pueden tener capacitación.
“Saben que tienen que hacerlo rápido y que, al quitar las pertenencias, la víctima difícilmente contactará a la autoridad a tiempo”, señala González Torres. Este nivel de ‘profesionalización’ criminal se ha gestado, según el análisis, desde la post-pandemia de 2020.
Aunque el robo en transporte público es una problemática regional concentrada en el Estado de México, la Ciudad de México y Puebla (96.2% de los casos nacionales), la entidad poblana destaca negativamente, reporta el mayor ritmo de crecimiento en los primeros 10 meses del año.
Las cifras son desalentadoras: en promedio se denuncian casi 5 asaltos diarios. Entre enero y octubre de 2025 suman ya 1 mil 488 carpetas de investigación, una cifra que rebasa el total registrado en todo el 2024.
El delito afecta a 40 municipios, pero se concentra en la capital, ahí ocurren 83 de cada 100 de los asaltos denunciados en el estado. En la ciudad de Puebla, a diferencia del resto de la entidad, se reporta un incremento de las denuncias.
“Mientras no agarren a integrantes de estos grupos o desarticulen a estos grupos, hay un principio de incentivo para las organizaciones para seguir cometiendo este tipo de delito”, sentencia el doctor Josué González Torres.
En la narrativa oficial del gobierno de Puebla, destaca los esfuerzos de sus operativos, aunque reconocen que el reto es la movilidad de los delincuentes, quienes cambian de rutas constantemente para evadir la vigilancia.
Hoy, el usuario poblano viaja no solo con miedo, sino con la certeza estadística de que el 2025 podría cerrar como el año más peligroso para abordar un autobús.


